The Versatile Blogger

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Tras una semana de vacaciones con Andrea, no exenta de ciertas dificultades médicas, he encontrado un sorprendente mensaje en mi blogg – Flori lo había dejado caer como una hoja en otoño, desde su eterno vuelo de libertad- Era el premio The Versatile Blogger, un extraordinario reconocimiento para los que nos dejamos tiempo y alma en las letras. Para todos los que tenemos la necesidad de transmitir nuestras vivencias a través del tiempo y del espacio a los lugares más recónditos del planeta. Qué gran periplo ha seguido The Versatile Blogger:  Lissa- Cruz del Sur- Mercedes – Mensnudum- Alan – Candy Rose – Flori y el que os escribe, seguro que me dejo a muchísima gente en el camino.

Ya le he comentado a Flori, la enorme satisfacción que supone que se acuerde de mí, sobre todo en estos momentos en que lo global absorbe a lo individual. Muchas gracias Flori, nunca lo olvidaré. Tampoco tus palabras cuando me alentabas a seguir escribiendo, alabando mi originalidad y mis posibilidades. Es cierto que sin ti, y sin los demás blogs a los que asiduamente sigo, no hubiera sido capaz de ir mejorando día tras día hasta llegar aquí. De Flori he aprendido que la libertad se puede tener, querer y alabar, que la vida desde el cielo se ve de otra forma y que los que nos rodean son un magnífico tesoro que hay que cuidar.  Aquí os dejo su dirección para que disfrutéis de sus inquietudes:

Su blog: http://florialv.wordpress.com/

Ahora os hago partícipes de algunos retazos de mi vida:

Me agrada lo intimista, lo místico, lo inimitable y lo llamativo.

Siempre estoy buscando, sé que en la búsqueda hallaré el éxito.

Detesto los huevos cocidos, fue por un trauma infantil. También me repugna la bechamel.

Adoro a mis chicas: a Raquel (la luz de mi corazón) y a mi hija Andrea (la luz de mi vida). Por supuesto, también a mi familia.

Tengo un carácter difícil, será que los géminis somos algo ariscos, aunque soy tremendamente sensible.

A continuación mencionaré  a los blogs que compartirán el premio, y como alguien dijo: por favor que no se me ofendan los amigos a quien no se nombre pues todos están presentes.

He elegido a http://gotasmar.wordpress.com/

Por la frescura, el descaro y la originalidad de sus temas. En el poco tiempo que la conozco me ha dado mucho, me ha hecho reflexionar y ver las cosas desde otra perspectiva.

Y también a http://inspiracion1971.wordpress.com/ que sé que está de vacaciones llevando mejor el calor que aquí en Madrid. De ella destacaría ante todo su ternura y su capacidad de amar, es tranquilizador leer sus delicadas palabras.

Un beso y una flor para todos. Menos para los alérgicos. Eternamente Rafa

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Sólo palabras

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La tenue luz de la lamparita rosa convertía nuestro tiempo en magia.

–    ¡Papá! ¿qué es un guardapalabras?

–    Pues… verás. Es el encargado de proteger las palabras más hermosas que existen en el mundo. Cada vez que encuentra una, la guarda en su corazón como si fuera un tesoro.

–     Y si tiene pesadillas, ¿qué le pasa?

–    Con sólo pronunciar las palabras que le provocan miedo, un fuerte viento del norte las hace desaparecer.

–    ¡Ah! y así caben más.

–    Sí, muchas más.

–    De mayor quiero ser guardapalabras.

–    Me alegro hija, que descanses.

–     Adiós papi, he guardado una preciosa.  

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WEB

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Sumido en la vorágine de mi ordenador, atrapado en la red, permanezco ajeno a la vida, a las realidades y obligaciones más perentorias. Espero con impaciencia que arranque, ¡por fin! Comienzo con la cuenta de correo, la reviso de arriba abajo hasta dejarla impoluta. Elimino spam, leo mensajes, contesto, almaceno, mientras paralelamente estoy pergeñando la próxima entrada. Percibo con inquietud que el tiempo transcurre inevitablemente, me encantaría poder alargar los días a mi antojo. Pincho en mis favoritos, ¡cómo poder evitarlo! y navego como Elcano entre la zozobra de la prensa, la calma tensa de la música, y la inquietud del cine, además de surcar un mar de blogs amigos. Llevo tres horas de incesante periplo, sin apenas percatarme, es lo mismo que estar enganchado a una droga. Te muestras y no te ven, engañas sin quererlo y cuando mientes te creen a pie juntillas. Sin solución de continuidad empiezan a fluir las palabras, como bocanadas de aire, desaparece la variable tiempo y los seres humanos de mi alrededor reclaman su porción de protagonismo. Recupero mis constantes vitales al oír las mágicas palabras que me convocan a la mesa. ¡A comer! Aún así me muestro reticente, malhumorado, ya casi había acabado -aunque era imposible hacerlo- finalmente acudo siempre el último, junto a mi mujer y mi hija. – La comida se queda fría, podrías tener más consideración. No le contesto. Su paciencia es infinita aunque le moleste mi permanente idilio con el ordenador. Lo peor de todo es que no le confieso la verdad por orgullo, aún estando de acuerdo con ella.

Algo ha de cambiar. Mi hija también demanda mi atención. Cada noche me coge con delicadeza de una oreja, me levanta de la silla y me arrastra hasta su cama.”Castigado por no venir cuando te llamo” me dice todas las noches. Me invento un cuento para ella, es feliz con bien poco, nos besamos y apago la luz rosada que perfila nuestras siluetas.”Que tengas dulces sueños”

Esto no puede seguir así, me digo cada día. Me ven pero no sienten mi cercanía. Ayer mi hija entró sigilosamente en mi habitación, yo tecleaba con rotundidad y manoseaba el ratón. Me preguntó, como sin querer: – ¿sabes lo que tengo escondido? Apenas se distinguía una forma bajo la camiseta. Palpé con cuidado y noté algo duro, sin aristas. Recordé los maravillosos días pasados en Asturias, y la piedra con forma de corazón (mitad negra, mitad blanca) que encontramos en la fina arena – Es tu piedra corazón, a que sí hija. No pareció sorprenderse – ¿Papá, tienes algún deseo por cumplir? Pues sí hija, como todo el mundo. ¿Y cuál es? Me gustaría ser famoso.

Mi respuesta no me satisfizo, era falsa y superficial, y antes de que pudiera rectificar ella me miró a los ojos, y con voz queda, dijo: “papá tu ya eres famoso, ¿no lo sabías?” Sacó su piedrecita, la depositó en mi mano izquierda y me la cerró con insistencia.

Algo he de cambiar, hoy me siento rejuvenecer, no me había percatado de mis tesoros y están aquí, viviendo junto a mí, bajo el mismo techo.

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Martes

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Ayer soñé aferrado a mi almohada con un futuro no muy lejano, soñé que en tres días sería lunes -otro lunes que aborrecer-. Hoy viernes despierto aguardando en la parada del autobús, hurgándome la nariz, a la vez que saboreo versos de mi idolatrado Benedetti. Enfrente, el semáforo está en verde para los peatones y una  hermosa mujer atraviesa apresuradamente la calzada. Me señala sin bajar el dedo, mirándome con insolencia.

 ­– ¡Eres un cabrón! me abofetea de inmediato. No ves que no llevo ropa; no tienes educación ni sensibilidad.

Evito posar mis ojos sobre ella mientras se aleja pues me acusa con razón. Vuelvo raudo a casa, se me está haciendo demasiado tarde y he olvidado, qué cabeza la mía, desnudarme.

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La pesadilla de los dioses

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Cuando el gran Mitra despertó, lo primero que distinguió fue el techo de una cueva. ¿Dónde se hallaba su amado y protector rey Sol? Yacía de espaldas, dolorido, confuso, esforzándose por recuperar lo último que había registrado su memoria. Se le sucedían las imágenes hasta marearle, como si cabalgase sobre un potro desbocado ¡Basta! ¡Qué me está sucediendo! ¡Basta ya! ¡Por todos los dioses!

No acertó a decir una frase más y agonizante se desmayó por segunda vez. Le era imposible recordar el incidente que le llevó a semejante trance: la violenta lucha que había librado con el toro primitivo cuando éste pastaba en su montaña. Después de trepar a una imponente roca, Mitra saltó como un felino y asió al toro por los cuernos. La bestia se vio sorprendida mas no sería presa fácil y al momento emprendió vertiginoso galope. Mitra volaba asido a sus puntiagudas astas, intentando agotar al animal, consciente de que el más mínimo descuido supondría su muerte. Notaba los músculos contraídos, presentando feroz oposición a las sacudidas de la bestia que no desfallecía en su alocada carrera entre los riscos. El bravo toro, mugía, cabeceaba, saltaba, coceaba para librarse de tan peligrosa carga, presintiendo las intenciones de su ilustre jinete. Tal vez fuese el frío cuchillo que portaba en el cinto, lo que le previno de su inminente sacrificio. Mitra, amarrado al animal con encomiable perseverancia, empezó a titubear; llevaba una eternidad de salvaje cabalgadura, sus poderosos antebrazos le ardían, la sangre chorreaba de uno de sus ojos y las náuseas atenazaban su estómago. Aflojó un segundo, quizás ni eso, pero fue lo suficiente para salir despedido por encima del animal. Surcaba los aires a gran velocidad moviendo brazos y piernas ante el inevitable impacto. Y, en efecto, se estampó contra el tronco de un árbol. Intentó recobrar la verticalidad desafiando su maltrecho estado, invocando su cuestionado honor y a su pretendida divinidad. Había sido derrotado e hincó la rodilla en tierra cayendo boca abajo. Su cuerpo lánguido, sangraba profusamente, Mitra aún respiraba.

El toro primigenio, germen de la vida y justo vencedor de tan épica batalla, se acercó a su adversario emitiendo un feroz bramido que resonó a cientos de kilómetros a la redonda. Estaba anunciando el fin del sueño de Mitra y el comienzo de una singular andadura cuyo destino era incierto. El animal, mordió una de sus calzas y arrastró el cuerpo hasta la cueva, al lugar donde según rezaban los escritos sagrados habría de ser sacrificado por Mitra. Sí, estaba escrito que éste le clavaría su cuchillo en el costado; estaba escrito que de su columna vertebral manaría trigo, vino de su sangre y su semen sería purificado por la luna. Pero el escenario había cambiado. Mitra apuraba sus últimos instantes de vida como un mortal más mientras que el toro primigenio, con las patas delanteras sobre él, se erigía majestuoso sabedor de que un nuevo futuro aguardaba a la humanidad. 

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En quince minutos

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Tímido tiempo para quererte

demasiado para añorarte

pero segundo a segundo te siento

y lamento cada instante que no tengo.

 

Porque quince minutos son muchos

y pocos a la vez,

porque cuarto de hora es un mundo

y la nada también.

 

Instante fugaz que me llena de ti

tensa espera sin principio ni fin

pero mi amor ¡te quiero!

y extraño no verte a cada momento.

 

Porque quince minutos son muchos

y pocos a la vez,

porque cuarto de hora es un mundo

y la nada también.

 

Pellizco de vida que sueño

llama de corazón que no enciendo

pero aún suspiro por tu aliento

y adoro la presencia que no poseo

 

Porque quince minutos son muchos

y pocos a la vez,

porque cuarto de hora es un mundo

y la nada también.

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Nada claro

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Nuestro hombre, en su oscura desesperación, se inclina sobre la barandilla del balcón del vigésimo quinto piso, decidiendo si habrá más capítulos en su vida. Sopla un gélido mistral que le hace abrazarse con fuerza a su raído Privata amarillo; se le alborota el cabello, aún suficiente para ocultar sus prominentes entradas. El rostro muestra las arrugas del sufrimiento; sus fogosos ojos verdes con el Sol mudan al turquesa pálido y una diminuta mancha, como una gotita de miel, adorna el izquierdo. Abril, su hija, la conoce de sobra y la observa con gran admiración. De la misma forma, escruta la rosada cicatriz que parte de la comisura de los labios hasta la oreja. Abril no puede resistirse y la acaricia con su dedo índice de arriba a abajo – Papi, eres tan guapo, quiero que te cases conmigo. Él, por un instante, deja de compadecerse y se siente crecer henchido de orgullo; – Cariño soy mucho mayor que tú, no tengas prisa por encontrar a tu príncipe azul. Ella se abraza a las piernas de su padre cuyos pensamientos vuelven a alejarse de allí. Con medio siglo a sus espaldas, viaja a la velocidad de la luz, hasta lo más recóndito de su pasado. Se observa trabajando en la biblioteca del barrio, con dieciocho años recién cumplidos, poco después de abandonar los estudios pese a la oposición de sus padres. Aquélla fue una difícil decisión de la que jamás se arrepentiría. Clasificaba, seleccionaba, leía, limpiaba, escribía, devoraba toda suerte de libros con absoluta exquisitez y pulcritud. Su biblioteca, se convirtió en la obsesión soñada, en un verdadero hogar. Gracias a ella pudo alejarse de una mediocridad que le cercaba y viajar entre renglones y frases, como un forajido, consciente de la fugacidad de la existencia y del escaso tiempo del que disponía. – ¡No podré leerlo todo, maldita sea! Éste sería su sino, hasta que un día como cualquier otro día, alguien se fijó en él. Ella. Ella que dirigía una modesta editorial le ofreció trabajo. Él. Él no tuvo ninguna duda y aceptó al momento.

Recuerdos, sólo le han quedado los recuerdos. El amor por su mujer y compañera, por las mágicas palabras de los libros, cuánto los echaba de menos. Es incapaz de asumir que ya no puede disfrutar ni de ella, ni de ellos, que no le queda valor ni para escribir. Se cree merecedor de la penitencia que padece, por ese aciago segundo que desgarró su futuro, por el descuido en una carretera sin nombre. Se maldice a diario. Está sentado a solas en su habitación, lo hace todas las tardes; percibiendo el olor de las hojas, acariciándolas, palpando el existencialismo de Camus, el terror de Poe, el realismo de Galdós, hasta que le invade la melancolía y llora de impotencia. En esas ocasiones Abril acude presurosa –es lo único que le mantiene vivo– enciende la luz y empieza a leer para él. Juntos, cómplices, recuperan los mundos que recorrió durante tantos años cuando aún podía ver.

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